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Dando Generosamente

Y no digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en ese día. Deuteronomio 8.17–18 (RV60)
Un ingrediente básico para el éxito es la generosidad. Necesitamos entender que fuimos creados para ser generosos con nuestros recursos, y que debemos estar deseosos de compartirlos con otros. La idea de dar generosamente puede no tener sentido para la mayoría de las personas, sobre todo para aquellas que están en necesidad de dinero. Algunos piensan que para ser exitosos necesitan acumular todo el dinero que puedan, pero no consideran compartirlo con los demás. Creemos que mientras más dinero tenemos, más exitosos y felices seremos. Conforme ganamos más dinero y acumulamos más riqueza, creemos que hemos resuelto todo en la vida, y nos volvemos arrogantes y orgullosos, ignorando lo que el texto de hoy dice.
Desgraciadamente, cuanto más tenemos, más queremos, y nuestro deseo de acumular se incrementa. Pero, cuanto más acumulamos, en lugar de sentirnos satisfechos con lo que tenemos, nos ponemos más ambiciosos y más descontentos. Nuestro enfoque se hace cada vez más egoísta y nos alejamos de Dios y de los demás. Empezamos a ponernos más indulgentes con nosotros mismos y luego más inseguros. Nuestras vidas entonces se complican y se vuelven vacías; esto es así porque fuimos creados para dar, no para acumular.
Una metáfora interesante sobre la generosidad es un ejemplo que da la naturaleza misma. En Israel, al sur de Galilea, se encuentra el rio Jordán. Este recibe sus aguas dulces del mar de Galilea que a su vez las recibe de las montañas del norte. El Jordán fluye libremente hacia el sur desembocando en el Mar Muerto. Este se llama así porque ningún pez u organismo vivo habitan ahí. No se puede esperar que sea diferente, porque las leyes naturales que las gobiernan están regidas por una específica condición hidrológica.  La alta concentración de sal y otros minerales del Mar Muerto, mas su perenne estancamiento impide la existencia de cualquier tipo de vida en sus aguas.
El Mar de Galilea reparte abundantemente agua dulce a los campos y al rio Jordán. Esto lo mantiene saludable siempre. El Mar Muerto no reparte nada, lo recibe todo, se atraganta acumulándolo todo y es similar a un gran “agujero negro” que nunca llena el desierto ni el valle en que está situado y es además el lugar más bajo de toda la tierra (400 metros por debajo del nivel del mar). Aquí se estanca todo y se mantiene en un estado de corrupción continua e inevitable.
Es igual con las leyes de la creación de Dios. El nos creó según su propia imagen para que seamos similares a Él, viviendo con generosidad, y alineados con el propósito para el cual El nos creó. Como el Mar de Galilea que recibe sus aguas de las altas montañas y las deposita en el Jordán  y sus alrededores; así mismo nosotros, que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios, debemos repartir nuestros recursos generosamente donde El nos diga.
Para pensar:
¡No te pierdas la oportunidad y la alegría de dar, la cual conduce a una vida de plenitud en todo sentido! Puedes hacerlo por medio de ministerios cristianos dedicados a extender el Reino de Dios en la tierra. Al mismo tiempo estarás invirtiendo tus tesoros en el cielo donde se te redituará dividendos eternos (Hechos 20.35; Mateo 6.21)
...sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia; 1.Pedro 3:15